Piran, bello pueblo de la Istria eslovena

La única incursión a la costa para ver el mar la hemos hecho en Piran, un pueblecito que mira al Adriático en el noroeste de la Península de Ístria, compartida a partes desiguales por Eslovenia y Croacia. Si miramos un mapamundi encontraréis este pueblo en la horizontal con Venecia, justo en la “orilla de enfrente”. A unos 120 km de Ljubljana.

De lo más pintoresco y curioso que hemos visto nunca. Una demostración empírica que la relación que se establece entre los pueblos y el mar que los rodea es cosa de dos. Propio y particular como pocos es el idilio entre los habitantes de Piran y el mar Adriático. El pueblo se condensa en una lengua de tierra rodeada de agua y las calles combaten por estar en primera línea de mar.

 

Vistas desde lo alto de Piran
Vistas desde lo alto de Piran

La influencia de Venecia nos resultó evidente nada más llegar. La estrechez de sus callejuelas, su “urbanismo” caótico, el estilo de algunas de sus fachadas y sus plazas con cierto aire romántico y decadente.

Subir hasta lo más alto de Piran, sus murallas, aunque fue un reto caminar bajo un sol apabullante viniendo del fresco perpétuo de los alpes julianos, resultó un acierto, porque las vistas de la ciudad eran únicas.

 

Rincones de Piran
Rincones de Piran

 

Rincones de Piran
Rincones de Piran

Piran nos sorprendió. Imaginábamos la típica ciudad costera abierta al mar, cuidada en exceso para el turismo, con cierto aire de elegancia que se suele dejar entrever en las casas de veraneo, en las terrazas… Pero nada más lejos de la realidad.

Piran nos sorprendió por su realismo, por su ambiente local que se mostraba en las puertas de sus diminutas casas a lo largo del entramado callejero, dónde nunca sabes donde empieza ni tampoco dónde acaba. Por su ambiente familiar heredado quizás de la gran familia italiana, todos sentados en corro junto al mar. Por su decadencia que se palpaba sobretodo en el descuido de las fachadas y en la vestimenta, o mejor dicho, “semi desnudez”, de sus habitantes, que en pareja o en familia extendían sus bártulos playeros en el asfalto del paseo, sin importarles demasiado el calor que desprendía la piedra o si junto a ellos había un restaurante, una fuente o una plaza.

Nos preguntamos si la gente de Piran había estado alguna vez en las Baleares o en Cerdeña, por cercanía, para valorar la fina arena blanca o las aguas esmeraldas. Está claro que para ellos Piran es el paraiso y eso es lo que importa…

 

Pau y David en la costa de Piran
Pau y David en la costa de Piran

 

Laura con sus niños
Laura con sus niños

No creemos que Piran fuera nuestro destino de vacaciones ideal pero los lugares que sorprenden gustan. Y Piran nos sorprendió…

Edu & Laura


Artículo perteneciente al viaje Ruta por Eslovenia y Austria