Cosas que hacer en Gisikon y alrededores (Suiza)

Gisikon, el pueblo que nos ha acogido este verano, y donde se encuentra nuestra casa de intercambio, es una pequeña comunidad a 15 km de Lucerna. No es ningún destino turístico en sí mismo, pero  las tres semanas que hemos pasado allí nos ha permitido estar en contacto directo con la naturaleza, disfrutar de sus magníficas vistas y sus bellos atardeceres. Es por ello que bien se merece un post, unas líneas para situar en el mapa un rincón especial para nosotros de Suiza y el entorno donde viven  Daniela, Beat, Alena, Sofia y Noel, nuestra famillia de intercambio.

KneippGarten Gisikon

Justo al lado de nuestra casa (Feldhofstrasse) se encuentra la entrada del KneippGarten Gisikon. Un parque infantil que cuenta con juguetes compartidos, baúl de lectura, mesa de picnic… es la entrada al KneippGarten.

 

 

El parque infantil de acceso a un bosque húmedo y frondoso

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cuyo camino va a parar al observatorio de ranas.

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y a un rincón donde las familias de Gisikon se reúnen para hacer picnics.

 

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acabando en un circuito de agua que Pau y David disfrutaron muchísimo

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Playa en Zugersee

Cerca de la terminal de ferry de Buonas y del conocido restaurante francés Wildenmann se encuentra este idílico lugar, lejos de todo y de silencio impagable. Lectura, picnic y baños con los cisnes en el lago.. ¿existe un plan mejor? Se puede llegar en bicicleta desde Gisikon.

 

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Dos opciones muy apetecibles cerca de nuestra casa de intercambio que disfrutamos en varias ocasiones y que recordaremos siempre!! Gracias Daniela, Beat, Alena, Sofia y Noel!!

 

 

 

Triftbrücke, el puente colgante más espectacular de Suiza

Antes de partir hacia Suiza, mi compañero de trabajo, Nacho Moreno, me habló del puente Trift (Gadmen) y me enseñó algunas fotos. A simple vista me pareció espectacular y una buena excursión en nuestra ruta por Suiza.

Llegar hasta el Triftbrücke no es nada sencillo. Sólo es accesible por un teleférico “Triftbahn” donde sólo caben 8 personas ya que era un antiguo teleférico de carga que usaba la compañía eléctrica. Además, es muy importante garantizar una buena climatología para acceder al  lugar. Por eso es imprescindible reservar plaza en el Triftbahn vía online (al menos la subida ya que la bajada normalmente puedes encontrar plazas al llegar a la taquilla). Así que dos días antes, cuando la previsión del tiempo auguraba una jornada soleada en la zona, reservamos nuestros tickets de subida.

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Y, en esta ocasión, la meteorología cumplió sus promesas iniciales y amaneció un día radiante que invitaba sin duda a una excursión de estas características. La ascensión en teleférico atravesando la garganta del valle de Gadmen hasta la zona del puente de Trift ya es toda una aventura. ¡ Hasta pudimos ver ciervos desde las alturas!

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La excursión de ida y vuelta al Triftbücke es de unas tres horas pero nosotros estuvimos casi seis ya que llegamos también hasta el refugio de Windegghüttey paramos un rato para comer.

Después de hora y media de ascenso continuado desde el inicio de la excursión pudimos admirar desde lo lejos el puente colgante, uno de los más espectaculares de Suiza. Tiene 170 metros de largo y está a 100 metros de altura sobre el valle del glaciar Trift

Con la llegada de las buenas temperaturas, los glaciares se derriten. Y en el caso del glaciar Trift esto sucede con particular rapidez. Pero el calentamiento global ha hecho estragos en la mayoría de ellos y el Glaciar Trift es una buena muestra reduciendo de manera alarmante su tamaño año tras año. De hecho, hasta hace unos pocos años, aún era posible llegar al refugio Trift del Club Alpino Suizo a través de la lengua glaciar, pero eso hoy en día ya no es posible, por eso en 2004 se construyó el puente colgante.

El puente Trift (Triftbrücke) se construyó según el modelo de los puentes nepaleses de tres cuerdas y en 2009, fue reemplazado por un puente más seguro y con mejor acceso que se convirtió de inmediato en uno de los puentes colgantes para peatones construidos con cables más largos y a mayor altura de los Alpes.

Atravesar el puente puede resultar fácil para los más atrevidos pero todo el mundo coincide que el paso es espectacular. Su aparente inestabilidad y las vistas al vacío impresionan a cualquiera. Edu y David enseguida se atrevieron. Pau y yo, después de varios intentos fallidos, superamos el vértigo inicial y lo pasamos con una buena dosis de miedo a las espaldas pero sabiendo que era una oportunidad única que no podíamos desaprovechar.

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Tras la emoción de atravesar el puente, paramos a comer y descansar un rato.  Después retomamos la ruta hasta el refugio de Windegghütte. El camino parte desde el Triftbrücke montaña arriba escalando con ayuda de algunas cadenas colocadas estratégicamente en la roca.  40 minutos de escalada constante que disfrutamos muchísimo. La vistas del Triftbrücke y del glaciar desde las alturas bien valían la pena el esfuerzo de la escalada.

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Al llegar al refugio nos dimos cuenta que íbamos un poco justos de tiempo para tomar el teleférico de las 17.24 donde teníamos plaza. Pero bajar caminando  no era una opción porque era dos horas y media más de ruta. Así que en una hora hicimos el camino de descenso desde el refugio hasta el teleférico, sin agua ya y con las piernas que no respondían demasiado. Un sobreesfuerzo que implicó correr en el último tramo montaña abajo para no perder nuestra plaza en el teleférico. ¡¡¡ Las agujetas del día siguiente serían históricas!!!

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Al llegar al punto de partido cogimos el coche y paramos en el primer restaurante que encontramos en el camino. ¡¡¡ Dos coca colas y dos cervezas de medio litro cada una como recompensa de una excursión que recordaríamos siempre!!!

 

Ruta por la región de Appenzell

Si algo distingue a la región de Appenzell es su larga tradición en la elaboración de queso y cerveza. ¡No necesitamos excusa mejor para visitar la zona y de paso degustar sus productos estrella!

La elaboración de quesos cuenta en Suiza con una tradición centenaria. Emmentaler AOP, Gruyère AOP,  Sbrinz AOP, Appenzeller® o Tête de Moine AOP son las variedades más conocidas, pero en total se elaboran unas 450 variedades de queso, ya que casi la mitad de la leche obtenida en Suiza se transforma en queso.

En el cantón de Appenzell mucha gente vive del campo (17%, cuando la media de Suiza es el 4%). Pero estos campesinos no son agricultores sino ganaderos ya que viven de las vacas, de la leche o, más concretamente, del queso appenzeller. Éste se elabora en casi un centenar de queserías, grandes y pequeñas, perdidas por las verdes colinas de toda la región.

Primera Parada

Nuestra primera parada fue en la la Quesería de Stein, la conocida como Schaukäserei, donde se explica todas las fases de elaboración del queso Appenzell mediante paneles didácticos. Además dispone de una sala-cine donde se proyecta un documental sobre la región, sus tradiciones y costumbres y la elaboración del queso como eje central de la vida de muchos de sus habitantes. Fue interesante conocer que el secreto del queso appenzell es una salmuera de hierbas silvestres cuya fórmula es un secreto de estado (sólo dos personas la conocen) y con la que se lavan los quesos diariamente hasta conseguir su sabor tan característico.

La quesería dispone de producción ininterrumpida que se puede observar en tiempo real además de una sala de conservación y reposo de los quesos. Un recorrido muy ameno ( y totalmente gratuito).

La Schaukäserei también dispone de una tienda donde se venden todas las variedades del queso appenzell así como de un restaurante muy recomendable donde nos quedamos a comer: degustación de variedades de appenzell y algunas de las “especialidades” de la casa como la pasta con queso appenzell y cebolla caramelizada o las patatas con queso gratinadas con queso appenzell. Para beber cerveza Appenzell también! ¡Todo delicioso! Además el restaurante tiene una terraza con vistas a las colinas y un parque donde los niños jugaron un largo rato.

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Segunda Parada

Después de comer nos dirigimos rumbo al pueblo de Appenzell, centro político, económico y cultural del cantón más pequeño de Suiza: Appenzell Rodas Interiores. Como véis, el mismo nombre sirve para el cantón y para la capital”, un pueblo de no más de 15.000 vecinos que creció en época medieval debido al monasterio de St. Gallen (“celda del abad”, quiere decir Appen-Zell). Es uno de los pocos lugares donde todavía se aplica la democracia real de voto a mano alzada y el último domingo de abril se reúnen más de 3000 personas en Landsgemeindeplatz (la plaza central de la villa) para votar temas de interés general.

En la entrada del pueblo se encuentra la Brauerei Locher, la fábrica de cerveza “Appenzeller Bier” y el objetivo principal de nuestra visita. La familia Locher y concretamente cinco generaciones llevan desde 1886 realizando esta cerveza de gran calidad. Junto a la fábrica hay un “centro de visitantes” con un pequeño museo  y una tienda donde se pueden adquirir todas las variedades de la marca y de donde salimos un poco cargaditos!!

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Dejamos el coche aparcado junto a la Brauerei Locher (90 minutos gratis) y nos dispusimos a visitar el pueblo. Tuvimos la suerte que ese fin de semana se celebraba la “Ländlerfest 2017”, algo así como una fiesta regional donde hay muchas actuaciones de grupos de folklore típicos de la zona y donde los hombres, mujeres y niños aprovechan para vestirse con los típicos trajes del cantón de Appenzell.  Los campesinos visten con bombachos amarillos, chaleco bermellón, sombrero negro engalanado de flores y un pendiente gigante en forma de cacillo o cuchara de crema en una oreja.

En la iglesia de St. Mauritius (parecía más una catedral!), se celebraba un concierto de música tradicional sin instrumentos. Creo que nunca había visto una iglesia tan abarrotada.

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Tras escuchar un rato el concierto visitamos las calles de Appenzell, muy animadas por la fiesta regional. Pudimos admirar las fachadas de las casas, tan características, pintadas por un tal Johannes Hugentobler hacia 1920. Un paseo por la Hauptgasse y las calles de alrededor nos sirvió para saber un poquito más de los lugareños y sus costumbres y darnos cuenta del orgullo que sienten por su tierra y sus tradiciones.

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Tercera parada

La jornada la acabamos en St. Gallen, dando un paseo rápido por su centro histórico. Esta acogedora ciudad posee un casco urbano cerrado al tráfico que invitar a dar un tranquilo paseo. Son muy típicas las casas burguesas con sus saledizos pintados del siglo XVI a XVIII

St. Gallen destaca por el conjunto del convento, la catedral barroca y la biblioteca que son patrimonio mundial cultural de la Unesco. Concretamente la biblioteca del convento acoge 170.000 documentos en parte manuscritos y producidos hace mil años. En la biblioteca se encuentra la sala rococó más bella de Suiza. Se puede visitar pero cierran a las 17 h y nosotros ya llegamos demasiado tarde. ¡Una pena!

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St.Gallen es también ciudad universitaria muy  renombrada por sus estudios de ciencias económicas.

Una larga jornada por la región de Appenzell donde disfrutamos de su gastronomía y de sus bellos pueblos.

El descenso del río Aare (Berna)

Si mis cálculos no fallan, fue hace cuatro veranos cuando visitamos Berna por primera vez. Una ruta en autocaravana por la región de Gruyere y la Selva Negra alemana, nos llevó a la capital de Suiza. De ella recordábamos su casco antiguo, con sus 6 km de arcadas (las llamadas “Lauben“), una de los paseos comerciales más largos de Europa y protegido por las inclemencias del tiempo.  No es de extrañar que este centro histórico sea Patrimonio Mundial de la Unesco.

Pero en esta ocasión, nuestro objetivo no era redescubrir la ciudad de Berna, sino volver para cumplir un pequeño “sueño”, un deseo que la vez anterior no pudimos llevar a cabo.

Recuerdo que visitamos el BärenPark (parque de los osos) con los niños; un espacio junto al río Aare donde puedes observar a los osos, símbolo de Berna. Al terminar, nos sentamos junto al río, jugando a tocar el agua con los pies. De repente, empezamos a ver gente bajando por el río, dejándose llevar por su fuerte corriente.

Resulta que el río Aare atraviesa todo el casco antiguo de Berna (el llamado “bucle del Aare”) y cuando el tiempo lo permite los berneses y bernesas disfrutan descendiendo el río con el  centro histórico de la ciudad como telón de fondo. Este río, el más largo de Suiza y que nace en los Alpes Berneses, se caracterizan por el azul oscuro de sus limpias y frías aguas, ideal para refrescarse en verano.

Edu y yo nos quedamos en aquella ocasión con muchas ganas de experimentar el descenso por el río Aare. Hasta Pau, por aquel entonces con cinco años, también quería lanzarse apuntando ya maneras de “aventurero atrevido”.

Es por eso que este verano, hemos vuelto a la ciudad de Berna con el objetivo principal de vivir la experiencia del descenso del río Aare.

Para ello pasamos la mañana en “Marzilibad“, las piscinas más visitadas de la ciudad, situadas a orillas del río Aare y junto al Palacio federal. Es un lugar privilegiado a tan sólo 20 minutos caminando del centro de Berna. Los berneses y bernesas han hecho de “Marzilibad” su lugar de encuentro social en verano, epicentro de eventos, picnics, ratos de lectura o cerveza entre amigos. ¡ Un pulmón verde lleno de actividad abierto hasta las 21 horas y de acceso totalmente gratuito!.

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Desde Marzililbad hay un sendero que bordea toda el río y cada ciertos metros unas escaleras que bajan hasta el agua. Andamos más de quince minutos hasta que consideramos que la distancia era suficiente para dejarnos llevar por la corriente del río un buen rato. ¡Y allí nos lanzamos!. 

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¡Y ha sido una experiencia única y muy divertida! Aunque no de deja de tener ciertos riesgos porque la fuerza del agua es impresionante y debes estar atento para nadar hasta la orilla antes que se acaben las zonas habilitadas para parar.

¡Hasta David experimentó el descenso aunque en un trozo mucho más pequeño!

La verdad es que es muy curioso ver a gente por los alrededores del río como va sólo con el bañador y una bolsa hermética donde guarda sus cosas, volviendo al punto de partida (quizás la corriente le ha llevado varios kilómetros río abajo!!!)

Acabamos el día paseando hasta el Parque de los Osos, rememorando nuestra primera visita a Berna. Caminamos por las arcadas hasta la Torre del Reloj y cenamos en una agradable terraza del casco histórico.

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¡Sueño cumplido!

 

Trekking por Stanserhorn (Suiza)

Después de casi una semana por estas tierras ya nos apetecía un trekking de alta montaña. Desde hace un par de días el verano ha vuelto a Suiza; los días amanecen claros y el Monte Pilatus se deja a ver a lo lejos desde Gisikon.

Nuestra familia de intercambio nos recomendó hacer la excursión que consistía en subir al Monte Stanserhorn en tren+funicular y luego desde lo alto hacer alguno de los trekkings indicados. Por alojarnos en su casa, en el Ayuntamiento de Gisikon nos dieron cuatro tickets de ida y vuelta para el tren y el funicular. Un ahorro de casi 220 euros!! (sí sí 220 euros!!! en Suiza todo es en este orden de magnitudes -ida y vuelta 74 euros por persona y 37 los niños). El intercambio de casa como veis trae otros beneficios asociados :))

El Montse Stanserhorn se encuentra a unos 20 minutos de Lucerna y a media hora de Gisikon. Habíamos reservado plaza en el funicular a las 10 de la mañana. Cinco minutos antes aparcábamos en el parking junto a la estación. Los niños iban emocionados por montarse primero en el antiguo tren que data de 1893 y que sube hasta la mitad de la montaña y luego por subirse al funicular “descapotable” Cabrio que haría la otra mitad del trayecto hasta una altura de 1850 metros.

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Las vistas desde el funicular abarcaban más de 100 km de los Alpes y sus innumerables lagos. Sólo por eso había valido la pena el ascenso.

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Después de comer algo para coger fuerzas y subir hasta el pico Stanserhorn a 1898 metros decidimos emprender el descenso haciendo una combinación del trekking 2 + 1 (rutas verde y roja del mapa). Al inicio hicimos un intento fallido del trekking azul pero vimos enseguida que no era muy apto para los niños porque el desnivel era demasiado pronunciado y era un trekking circular que volvía al punto de partida. Preferimos iniciar el descenso desde 1850 m hasta Kälti a 710 metros donde podríamos coger de nuevo el antiguo tren hasta la estación de Stans.

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Fueron casi más de 4 horas y media de descenso contando alguna pequeña parada de descanso y otra de unos 20 minutos para comer. El trekking nos gustó mucho ya que discurría por senderos de montaña que se adentraban a ratos por el bosque y otros bordeaban las empinadas colinas con los lagos de Lucerna al fondo.

A medio camino y coincidiendo con el mediodía se desató  de repente el diluvio universal con rayos y truenos incluidos (fenómeno muy típico en esta época del año). Corrimos bajo la lluvia (suerte de los chubasqueros!) hasta encontrar refugio en una granja de vacas solitaria y posteriormente en Bluematt  a 1227 metros donde comimos bajo techo de madera mientras la lluvia daba paso a un arco iris espectacular a nuestros pies.

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Cuando llegamos a la estación de Kälti, el vigilante nos recibió amablemente ofreciéndonos dos tazas de café y agua y zumos para los niños. Debíamos esperar unos 15 minutos el antiguo tren y la espera bien se merecía un tentempié. Se lo agradecimos mucho porque un café caliente después de casi 5 horas caminando no tenía precio!!!.

A las 17.30 llegábamos de nuevo a la estación de Stans, muy satisfechos por el camino realizado y muy orgullosos por la fortaleza de los peques!!!

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Gargante del Aare – Bönigen – Interlaken

Amanece el día lluvioso, como la mayoría de jornadas en Suiza. La previsión meteorológica dice que en la región de Interlaken el día discurrirá entre nubes y claro; difícil de creer a estas horas tempranas… Pese a todo, cogemos el coche dispuestos a explorar la zona situada más al sur de Lucerna, concretamente a 70 km. Una hora de camino conviviendo con la lluvia y una niebla espesa… que, de repente, tras atravesar el puerto de montaña de Brünig, desapareció pudiendo ver los primeros rayos de sol de un día que poco a poco iría pareciendo más estival.

Nuestra primera parada fue la Gargante del Aare en Meiringen, conocida como Aareschlucht.  Este desfiladero tiene 1,4 m de largo y se puede recorrer en 1 hora aproximadamente de ida y vuelta. A finales del S.XIX fue abierto al público y acondicionado por túneles y pasarelas para poder recorrerlo cómodamente.

En Aareschlucht el agua del río ha ido tallando un profundo lecho en la roca calcárea a lo largo de milenios. El punto más estrecho tiene casi 200 m de profundidad y no más de un metro de anchura.

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Al acabar el paseo hicimos un picnic en la entrada de la Garganta, justo al lado de un parque magnífico que Pau y David supieron aprovechar muy bien, tirándose una y otra vez de la tirolina.

Tras descansar un rato, pusimos rumbo a Interlaken. Cuando ibamos por la carretera bordeando el lago Brienz, vimos unas playas donde un grupo de gente practicaba cayak. Decidimos parar e improvisar un poco. El pueblo se llamaba Bönigen. 

Este pintoresco pueblo, con casas que datan del S.XVI, destaca por su emplazamiento, allí donde confluye el río Aar con el lago Brienz, formándose una gama cromática de azules y verde esmeralda muy característico. Dicen que la profundidad del lago (la mayor de Suiza), las montañas que se reflejan o el agua de los glaciales que van allí a morir son algunas de las causas…

Bönigen también es muy conocido por su gran oferta de ocio: senderismo, cayak, escalada, bicicleta, etc. En la oficina de Turismo preguntamos por algún camino hacia Interlaken y nos indicaron un sendero junto al lago que a lo largo de casi 3 kms nos llevaría hasta el centro de Interlaken. Así que dejamos el coche en Bönigen, cogimos provisiones para merendar y disfrutamos de un agradable paseo.

 

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Interlaken nos sorprendió. Nada parecido a lo que imaginamos.  Por una parte parecido a Chamonix-Mont Blanc con sus hoteles antiguos de fachada clásica y ornamentados con flores. Punto de encuentro de todos aquellos que quieren experimentar la montaña. El monte Jungfrau se alza imponente desde cualquier rincón de Interlaken y sus cumbres nevadas atrapan la vista de cualquier turista. O su parque central donde aterrizan uno tras otros parapentes y ala deltas… Hasta aquí todo normal.

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IMG_20170728_183359.jpgPero nos sorprendieron sus hoteles, demasiado ostentosos, el enorme casino, sus tiendas de marcas de alta gama en la avenida principal, y las riadas de turistas indios que invadían todo el pueblo. Por momentos me pareció más estar en cualquier plaza o parque de Nueva Delhi que en los Alpes suizos. Algo impresionante… Supongo que me esperaba el típico destino mochilero con jóvenes con ansias de trekking y no el destino ansiado del pueblo hindú.

Volvimos a Bönigen a recoger el coche en el bus 103 (los niños ya cansados se pusieron en huelga de trekking para volver caminando..) y regresamos a casa después de una jornada muy aprovechada.

Al llegar a Gisikon busqué en internet alguna razón de la invasión hindú en Interlaken y la encontré: al parecer en los últimos tiempos se ha puesto de moda el rodaje de grandes producciones de Bollywood en Suiza.  Parece ser que los paisajes de los alpes suizos enamoran en pantalla. Con anterioridad estos rodajes se producían en los valles de Cachemira pero los conflictos existentes por motivos fronterizos impidieron continuar haciéndolo. Los datos lo dicen todo:  la industria india produce anualmente más películas en Suiza que los propios cineastas helvéticos.

El protagonismo de los Alpes Suizos en las películas indias ha provocado el aumento exponencial de turistas indios en la zona de Interlaken, atraídos por los paisajes que aparecen en sus películas favoritas. ¡Misterio resuelto!

Acabamos el día con una buena cenita en casa: degustación de quesos suizos por gentileza de nuestra familia de intercambio.

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Un día en Zúrich

Poco más de 50 km separan Lucerna de Zúrich, la ciudad más grande de  Suiza, con casi 400.000 habitantes. Al igual que Lucerna, Zúrich se emplaza junto a un lago (del mismo nombre) otorgándole ese ambiente especial, diría “romántico”, de barcos de paseo que van y vienen, embarcaciones de recreo ancladas en la orilla y cisnes que se mezclan con los patos y se exhiben esbeltos a la gente que les mira desde cualquier punto del puerto.

Zúrich, pese a ser el principal motor y centro financiero del país, no es la capital de Suiza, siendo Berna quien ostenta esa distinción.  Además de poseer las sedes de muchas compañías importantes, de multitud de bancos y entidades económicas, la ciudad también es un epicentro de las compras de alta gama, el paraíso comercial para quien esté dispuesto o pueda pagar los elevadísimos precios de cualquier tienda o restaurante, haciendo honor al primer puesto en el ranking de “ciudad más cara de Europa”.

Pero como “mirar y pasear” es gratis (de momento), cualquier mortal puede disfrutar de una agradable paseo por el casco antiguo de Zúrich. Y os puedo asegurar que vale mucho la pena, porque después de “mirar y no tocar” puedo asegurar que Zúrich también es la ciudad más bonita de Suiza, por delante de Ginebra, Berna o Lucerna que bonitas lo son un rato.

El punto de partida de la ruta: la Estación Central de Zúrich, donde se encuentra la Oficina de Turismo. Es la estación más grande de Suiza y en su interior siempre hay exposiciones o festivales. Desde allí bajamos por la Bahnofstrasse, una calle comercial de 1,4 km de largo, hasta la Rennweg, un exclusivo callejón comercial ya en el casco antiguo.

Al acabarse Rennweb giramos a la izquierda subiendo una cuesta y encontramos Lindenhof, un parque lleno de historia que fue un campamento fortificado romano y ahora es un oasis de tranquilidad que sirve de mirador a la ciudad. Desde allí se puede disfrutar de unas impresionantes vistas al río Limmat y observar a aficionados jugadores de ajedrez.

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Bajando de Lindenhof por su lado norte, nos adentramos en la calle Schipfe, el callejón de los artesanos a orillas del Limmat.

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Siguiendo el río nos encontramos con dos de las iglesias más representativas del casco histórico, la iglesia de St. Peter con el famoso reloj en su torre con 8,7 m de diámetro y Fraumünster, iglesia con vitrales de Chagall y Giacometti.

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Desde esta última enseguida llegas a Bürkiplatz, con su atracadero de barcos y con una vista única de todo el lago Zúrich.

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Atravesamos el Quaibrücke (puente Quai) hasta encontrar el Oberdorfstrasse que nos llevaría por el margen derecho del río Limmat, a lo largo de callejuelas llenas de pequeños restaurantes, hasta la Grossmünster, iglesia símbolo de Zúrich y punto de partida de la Reforma.

Continuamos el recorrido por Niederdorfstrasse y por su calles paralelas, haciendo lo que más nos gusta hacer, perdernos por la ciudad, encontrando esos rincones tranquilos, fotografiando sus edificios típicos, sus placitas escondidas, sus innumerables fuentes… respirando la tranquilidad anhelada de los que viajan observando y aprendiendo a cada paso.

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Para acabar unas risas en familia y un selfie que nunca puede faltar :))

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Camino de Suiza

Estos últimos días antes de empezar vacaciones, me acompañaba en mis ratos de tranquilidad playera los relatos de Javier Reverte en “La aventura de viajar“: Historias de viajes extraordinarios que han ayudado a despertar las ansias previas a cualquier ruta veraniega que, con ganas e ilusión, llevas preparando cierto tiempo, despertando ese gusanillo que sólo los que disfrutan viajando saben apreciar.

Y leía “(…) necesitamos ver el mundo en su realidad, no en su retrato; (…) nos sobran los intermediarios porque todos nuestros sentidos reclaman el contacto con lo que existe y palpita; precisamos del olor de las cosas, de su sabor, de su tacto y de sus sonidos: Es una de las más hondas razones para viajar: invadir, con todo el equipaje que constituye nuestro propio ser, la entraña misma de realidad; bañarnos en la vida”.

Desde hacía medio año no escribía en el blog… Nuestros viajes a Florencia y Granada en diciembre pasado fueron mis últimas entradas… Seis meses intensos que bien necesitan una nueva escapada para volver a retomar humildes relatos de viajes, retazos de realidad cotidiana, pedazos de felicidad que envuelven vacaciones familiares, anhelos de descubrimiento y aventura.

Este año volvemos a Suiza. Hace cuatro años hicimos un recorrido en autocaravana por la región de Gruyere y Berna y el año pasado visitamos un fin de semana la ciudad de Ginebra. En esta ocasión nuestro cuartel general será Lucerna y la idea es completar la ruta por la parte más oriental del pais (Interlaken, Zurich, la región de Appenzell, etc.) Será que vivir junto al mar te hace añorar la montaña… pero últimamente siempre nos apetece empaparnos de naturaleza en los periodos estivales.

Y por cuarta vez hemos organizado un Home Exchange; en esta ocasión con una familia suiza que tiene una casa en Gisikon (cerquita de Lucerna), y que al revés que nosotros, anhelan el mar y el sol,  porque montaña y naturaleza les sobra. El intercambio de casa ha sido una de las grandes descubrimientos en nuestra vida, que nos está permitiendo conocer a gente maravillosa y continuar viajando con menor coste.

Más de 1.200 km separan Badalona de Gisikon. Un largo viaje que hemos hecho en 3 etapas (Badalona-Marsella, Marsella-Lago Como, Lago Como-Gisikon). De esta manera hemos podido hacer turismo mientras llegábamos a destino aplicando la máxima que el destino es el presente más inmediato.

Llegar a Suiza por la costa francesa y entrar por Italia no es la ruta más corta, pero nos apetecía conocer algún rincón de la costa francesa y parar en Como aunque sólo fuera una tarde. Y la elección ha estado bien.

Marsella nos horrorizó en un inicio porque la entrada a la ciudad muestra barrios degradados y la suciedad en las calles era un denominador común pero al llegar al centro de la ciudad nos sorprendió gratamente. Las tres o cuatro horas de exploración rápida del centro histórico nos hizo cambiar la opinión.   La llegada al puerto, con la luz de media tarde entre los barcos, la multitud en plena ebullición un sábado por la tarde, las parejas subiéndose a la inmensa noria, ese aire decadente de la ciudad pero con cierta magia nos gustó. Optamos por visitar el barrio de Le Panier, el más antiguo de Marsella, ahora convertido en la zona más hipster de la ciudad, icono de multiculturalidad y laboratorio de tendencias. Sus acogedoras placitas y callejuelas laberínticas esconden pequeños restaurantes escondidos. En pleno proceso de transformación, muchas de los edificios de Le Parnier se encuentran en rehabilitación, maquillando sus fachadas y mostrando al mundo el encanto de este pequeño rincón de la Costa Azul.

Como, situado en el norte de Italia a 45 km de Milán, nos recordó a otras ciudades pequeñas italianas como Lucca, pero impregnada de una mayor elegancia. Su catedral tiene una fachada imponente y es el epicentro del casco histórico. De igual forma que el mar otorga carácter a sus pueblos costeros, los lagos envuelven de una manera especial las villas que viven junto a él. Pasear bordeando el lago y visitando algunas de sus villas más famosas, visitar otras poblaciones cercanas en unos de sus barcos o bañarse en las playas habilitadas para tal fin son algunas de las actividades más habituales. Una tarde agradable, con un calor intenso de verano, que invitaba más a bañarse en el lago que a hacer cualquier otra cosa.

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Después de pasar sábado y domingo en ambas ciudades, el lunes nos levantamos muy prontito para llegar a Gisikon (Suiza) antes de las 12 h, tal y como habíamos acordado con nuestra familia de intercambio. La frontera en Lugano la atravesamos de manera muy ágil, sólo paramos para comprar la famosa “vignette” que te permite circular por las autopistas suizas. El túnel de San Gottardo, de 16 km de largo, estaba en obras pero afortunadamente no encontramos mucho tráfico, cosa que no era nada habitual.

Llegamos a Gisikon muy puntuales y Daniela, Beat, Aline, Sofia y Noel nos estaban esperando, ilusionados ante su inminente partida hacia Barcelona.  Encontramos a una familia muy amable y hospitalaria. Tras enseñarnos su casa y explicarnos todos los temas más “prácticos”, nos invitaron a compartir las especialidades suizas que habían preparado para la comida.  Un rato que sirvió para conocernos un poquito mejor y ver enseguida que ellos iban a cuidar muy bien de nuestra casa, de la misma forma que nosotros cuidaríamos la suya.  Nos habían comprado algunos obsequios, habían recopilado mucha información turística y nos habían dejado el frigorífico lleno de comida típica suiza que sin duda, íbamos a disfrutar mucho.

Las tres semanas que quedan por delante se presentan interesantes; de momento la casa de intercambio no puede ser mejor: muy amplia, acogedora, con unas vistas impresionantes, miles de juguetes, piscina y todo lo que podemos necesitar para unas vacaciones muy divertidas.

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Información práctica:

Hotel en Marsella: B&B Marsella Les Ports (como todos los hoteles de la cadena B&B muy funcionales y con habitaciones para familias muy bien de precio). La zona sólo recomendable si vas en coche (a unos 3 km del centro).

Para aparcar en Marsella en cualquiera de los parkings del centro (precios como Barcelona)

Apartamento en Como: Monte Goj. En las afueras de Como, muy acogedor y agradable, tipo buhardilla y con parking propio. Muy recomendable

Para aparcar en Como, en el parking que hay junto a las murallas (muy económico pese a lo que era de prever).

Escapada de invierno a Ginebra

Qué mejor antesala de la Navidad que un fin de semana en Ginebra a principios de diciembre! Eso pensamos Ana, Ciscu, Edu y yo cuando 48 horas antes de nuestra escapada, la web de viajes Waynabox nos anunciaba el destino que nos había tocado.

Teníamos dos días para comprar algunas prendas de abrigo (la temperatura en Ginebra se anunciaba muy fría!), ubicar nuestro hotel y preparar mínimamente la ruta por la ciudad.

Ginebra es la segunda ciudad de Suiza más poblada y se sitúa en la desembocadura del río Ródano, a orillas del lago Leman. Es centro financiero y mundial de la diplomacia y sede de Naciones Unidad y la Cruz Roja. Otros datos curiosos: es la tercera ciudad del mundo con más calidad de vida, un 40% de la población es foránea y el salario mínimo oscila entre 2.500 y 3.000 euros. Ah! y una cosa más:  la ciudad más cara donde hemos estado (un café 5 euros, una cerveza 9 euros, …).

Para compensar tanto gasto, en el hotel nos dieron una tarjeta de transporte a cada uno para todo el fin de semana, así que todos los autobuses, el tranvía y los taxis acuáticos, los llamados”Mouettes”, que cruzaban el río, nos salieron gratis.

La ciudad se distribuye a ambas orillas del lago. El símbolo de Ginebra, el “Jet d’Eau” nos dio la bienvenida a la ciudad. El surtidor de agua de 140 metros de altura se divisa desde casi cualquier parte.

En la orilla izquierda se halla el casco antiguo  así como el centro comercial. En esta zona es donde pasamos más horas caminando el sábado por la mañana, entre las callejuelas acogedoras del centro histórico y las callas comerciales con sus espectaculares escaparates.

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A mediodía cogimos una “Mouette” que nos llevó a la otra orilla del río, donde se encuentra la estación central así como los hoteles más lujosos. Un largo paseo bordeando el lago nos llevó hasta el Jardín Botánico, de impresionantes jardines, así como a la sede de Naciones Unidas, la sede la Cruz Roja y numerosas embajadas.

El domingo por la mañana hicimos un tour de unas dos horas y media por la ciudad, que nos permitió descubrir los rincones más bonitos y espectaculares de Ginebra. Free Walk Geneva organiza este tour cada día a las 11 h. La guía española, estudiante en la ciudad desde hacía un año, nos explicó historia y peculiaridades con gran entusiasmo. El coste asciende a lo que cada uno considere que vale o esté dispuesto a pagar. Sin duda una muy buena opción para conocer la ciudad (gran idea de Ciscu!)

El tour nos llevó desde Bel-Air, el punto de encuentro, hasta el Parc des Bastions.

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Justo en la entrada del parque se encuentra una escultura de Henry Dunant (1828-1910) que homenajea al creador de la Cruz Roja.

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El Parc des Bastions acoge el famoso Muro de la Reforma y sus cuatro protagonistas esculpidos en piedra. En el mismo parque se encuentra la Universidad de Ginebra y, en la parte más alta, el banco más largo del mundo, que bien merece unas fotos. Sentados en él se divisan bonitas vistas de toda la ciudad y las montañas que la rodean.

Desde allí accedimos a la parte antigua y visitamos la Maison Travel, la casa privada más antigua de Ginebra donde en la planta 3 se encuentra una magnífica maqueta de la ciudad del año 1896, la “Relieve Magnin”, realizado por el arquitecto Auguste Magnin que tardó más de 18 años en acabar.

El eje central del casco antiguo es la Place du Bourg de Four. Allí merendamos el sábado y desayunamos el domingo en el bar “La Clemence”. A través del “Passage Des Degres de Poules”, en la misma plaza, se accede a la catedral de St. Pierre, donde subiendo los 157 escalones de su torre, se llega a la parte más alta de la ciudad.

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Acabamos el tour junto al famoso reloj de flores en el Paseo Marítimo, homenaje a la industria relojera de Suiza y con la misma visión del “Jet d’Eau” que nos había dado la bienvenida a la ciudad apenas un día antes.

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Por recomendación de la guía, fuimos a comer la típica fondue al Bains des Paquins, a pocos metros del famoso surtidor de agua. En verano es una playa y en invierno una sauna y todo el año una taberna que ofrece un lugar asequible, con mesas compartidas y ambiente muy local donde comer o cenar con vistas a la ciudad de Ginebra.

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Sin duda un buen punto y final típicamente ginebrino.

Gracias Ana y Ciscu por la magnifica compañía este fin de semana!!

Volveremos seguro… pero en verano.

 

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