El Valle de Stubai (Innsbruck)… Y final de trayecto

Se acercaban los últimos días de nuestra ruta por Eslovenia y Austria. El tirol austríaco era la última parada de un recorrido de más de dos semanas que culminaría en la ciudad de Innsbruck y en uno de los valles más hermosos que la rodean, el Valle de Stubai (Stubaital). El glaciar de Stubai da nombre a este fascinante valle alpino que atrapa a todo el que lo visita.

Gracias al “Stubaital Card” que nos proporcionaron gratuitamente en la casa que nos alojamos en Fulpmes: “Gastehaus Rettenbacher”, pudimos utilizar los teleféricos más impresionantes de la región, además de otras atracciones, sin coste alguno.

El día amaneció muy claro (podría afirmar que el mejor día meteorológicamente hablando de todo nuestro viaje). La noche anterior la luna ya anunciaba un día magnifíco. Creo que de alguna manera nos brindó un regalo de despedida a modo de una jornada veraniega soleada y despejada. Aquel día la luna era la antesala de la mayor luna del periodo estival, ya que estaba en su punto más cercano a la Tierra. De una manera casi mágica iluminaba todo el valle de Stubai, donde los picos de más de 3.000 m casi le hacían sombra reflejándose en su tez extremadamente blanca..

Carretera del valle de Stubai
Carretera del valle de Stubai

Nos encontrábamos a escasos 20 kilómetros de Innsbruck, a punto de coger el teléferico que nos llevaría al “Top of Tyrol”, un escenario con nieve permanente de una de las estaciones de esquí más emblemáticas de Austria, Stubai-Gletscher. A 3.210 metros de altura, se asoma una plataforma a modo de mirador que sobresale al abismo y ofrece unas vistas majestuosas de los Alpes. Es como estar en la cima del mundo, allí donde nuestras manos alcanzan el infinito…

 

Top of Tyrol
Top of Tyrol
Último tramo del teleférico de Stubai-Gletscher
Último tramo del teleférico de Stubai-Gletscher

El glaciar de Stubai es de hecho una de las pocas estaciones del mundo que permite esquiar durante los 12 meses del año gracias a sus nieves perpétuas.

Después de una mañana de lo más entretenida subiendo y bajando del glaciar, subimos al coche con la intención de buscar algún lugar donde comer. Bordeando la carretera del valle, observamos a lo lejos la cascada de Grawa. Después de dos semanas en plena naturaleza, viendo brotar cascadas y aparecer rios de agua en cualquier recóndito lugar de la montaña, nos seguía atrayendo el estrepitoso ruido del agua al caer, el olor a tierra mojada, el espectáculo del arco iris que nacía de pronto del interior de la cascada…

 

Grawa Wasserfall
Grawa Wasserfall

 

Paramos el coche y allí mismo se encontraba una casita de madera con un mirador a la misma cascada que resultó ser un restaurante de lo más acojedor. Un lugar de cuento, un sitio de aquellos con un encanto especial. Comimos varias especialidades tirolesas sentados en la terraza, observando la magnifíca vista que nos regalaban.

 

Especialidades tirolesas junto a Grawa Wasserfall
Especialidades tirolesas junto a Grawa Wasserfall

 

 

Momentos junto a Grawa Wasserfall
Momentos junto a Grawa Wasserfall
Hamacas junto a la cascada
Hamacas junto a la cascada

Después de comer, fuimos a ver la cascada de cerca por el sendero que sale del mismo restaurante. Nos acercamos hasta casi poder tocar el salto del agua. De hecho, justo en la parte inferior hay una plataforma con “hamacas”. El objetivo: tumbarse, abrir bien los ojos y los pulmones… Sólo eso.

Tras casi todo el día perdidos por el valle de Stubai, y antes de pasar por Innsbruck, paramos en Mieders para coger el teleférico hasta la estación de Serlesbahnen, donde se puede descender desde una cima de 2.500 metros de altura hasta el pueblo en un trineo sobre raíles (sommerrodelbahn). 2,8 kilómetros y unos 10 minutos de vertiginosa bajada. Impresionante ir bajando por los bosques, a toda velocidad, en zig zags interminables, disfrutando de la adrenalina, gritando, sintiendo la libertad del momento.

El día había sido muy intenso y todavía nos quedaba por visitar la ciudad de Innsbruck. A media tarde nos dirigimos a esta aldea tirolesa, de aire moderno, pero con el encanto de las poblaciones de montaña. Fue agradable pasear un par de horas por sus calles. Abrimos bien los ojos en un intento de impregnarnos en poco tiempo de la belleza del lugar. Era nuestro último día en Austria así que decidimos que algún día volveríamos para conocer Innsbruck en profundidad…

Volvimos a Fulpmes a dormir, bien entrada la noche. La luna más grande del verano nos iluminaba, a modo de despedida, el camino de regreso. Le dijimos adiós, al mismo tiempo que dejamos atrás dos semanas de viaje donde, un año más, aprendimos, descubrimos y crecimos viajando juntos.


Artículo perteneciente al viaje Ruta por Eslovenia y Austria

3 comentarios sobre “El Valle de Stubai (Innsbruck)… Y final de trayecto

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